Ecología y Sociedad Civil

PRIMERAS PÁGINAS





Introducción



Después de la primera redacción de este libro, allá por los años setenta, ha pasado mucha agua bajo el puente, no sólo en el mundo sino en mi propia conciencia de la realidad. A este libro le sucedieron otros muy diversos y, finalmente, no tuve otra alternativa que introducirme en la filosofía, pues la realidad actual no se explica sólo con la historia, ni siquiera con una buena preparación como la que tenía Arnold Toynbee, sino que en la formación de la historia intervienen fenómenos no sólo puramente conceptuales, que puedan integrarse dentro de una idea «razonable», sino de otros puramente «psicológicos», que deben ser integrados a la idea general de la Historia. Uno de esos libros es mi ensayo «Filosofía de los sistemas sociales», que debería formar parte de éste, pues no se puede entender el uno sin el otro, tanto si se lee primero el de filosofía como este otro de política. Pero como no es posible hacer una fusión entre ambos, apunto en este nuevo preámbulo las razones fundamentales de esta necesaria interacción. Una economía ecológica es aquella cuya explotación de sus recursos de supervivencia es «sostenible». Esto es evidente, pero lo que no se dice con tanta frecuencia es que la sostenibilidad depende de la «aclimatación del individuo al medio», y esta subyugación no es posible si no existe la convicción de lo «irremediable» del hecho en sí. En otras palabras, sólo una sociedad en cierta manera «subyugada y sometida» a los condicionamientos naturales puede tener una «economía sostenible», con un mercado controlado y altamente regulado. Esto puede interpretarse como una actitud anti-progreso y reaccionaria. Durante un largo periodo de nuestra historia los bienes no servían a otro fin que a la supervivencia. Esto cambió de forma radical y revolucionaria, la segunda gran revolución de la historia (la primera fue sin duda la Neolítica), cuando la nueva burguesía urbana cuestiona este estatus, pues se trataba de una clase sin «clasificación natural por nacimiento». Será la burguesía quien transformará el valor intrínseco de los bienes de supervivencia para utilizarlos como referencias simbólicas que reflejen su «estatus social», ya que han desparecido los de nacimiento; es decir, que los bienes de consumo además de «útiles» se vuelven sobre todo «clasistas», y es en su «clase» donde radica su mayor valor de cambio. Con este hecho, poco citado en los libros de historia y de economía, se revolucionó de tal manera la economía social y los mercados se expandirían de tal forma que llegaría un día, el momento actual, en que se pondría en peligro la supervivencia de todo el planeta. Por esta razón la consecución de una economía sostenible está lejos de ser viable, porque todos los pueblos que salen de algún tipo de esclavitud o dictadura inmediatamente recurren al consumo de estos «bienes clasistas» para «reclasificarse» en su entorno social. Podemos decir que las bases de la economía liberal y burguesa no tienen su fundamento en la inteligencia o el trabajo sino en el consumo y en la vanidad. China emerge del comunismo con estos mismos insostenibles valores, pero también Rusia, India, Brasil, y muy pronto algunos países del Medio Oriente recién incorporados al capitalismo liberal, y también es inevitable que a la larga se sumen prácticamente toda Asia, África y Latinoamérica a este nefasto modelo económico y social. Por tanto no soy optimista en absoluto y creo que es ya prácticamente irreversible la destrucción del planeta, con todas sus especies, incluida la humana, a menos que se produzca una «rápida evolución» que promueva una nueva mentalidad más ecológica y personal. Este libro se limita a dar algunas ideas, tanto económicas como políticas, y propone un cierto «repliegue histórico», pero en ningún caso el retorno a la esclavitud ni a la tutela de un Estado «cibernética y ecológicamente totalitario», sino la profundización de la misma democracia y la búsqueda de lo fundamental del ser humano y de sus verdaderas necesidades, al margen de las creadas por la sugestión de la publicidad, con la insana intención de clasificar la sociedad en estamentos que no sirven a la verdadera causa de una humanidad razonable, como es vivir en paz y en armonía con uno mismo y con su entorno natural. Berlín, mayo de 201 INTRODUCCIÓN ¿Es la Ecología el nuevo paradigma del Tercer Milenio? Y si fuera así, ¿nos llevará a una nueva revolución de la importancia y trascendencia política y cultural de la propia Revolución francesa? Responder a esta compleja pregunta es la intención de este breve ensayo. Personalmente estoy convencido de que estamos ante una «cuestión de conciencia», que la ecología social está calando en muchas personas que comprenden que vivimos en un mundo soportado por complejas relaciones ecológicas, y este realidad debe ser cuanto antes asimilada en la vida cotidiana y reflejada en sus comportamientos cívicos y también políticos, sin que las posibles diferencias ideológicas o incluso religiosas sean a priori un impedimento para quienes las asimilen. Por tanto, las conclusiones van mucho más allá de lo que normalmente entendemos como el «movimiento de defensa de la naturaleza». Es más, una de las conclusiones a las que llevará este trabajo, y la anticipo ya en esta introducción, es que aquellas personas que por la razón que sea llegan a adquirir conciencia ecológica (esperemos que muchos la adquieran tras la lectura de este modesto trabajo) no se convierten necesariamente en «ecologistas», o, dicho de otra forma, no pasan necesariamente a una posición beligerante en defensa de la naturaleza, sino que, una vez adquirida la nueva conciencia, la aplican en la medida de lo posible a todo aquello que forma su vida personal y colectiva. Estas personas, que pueden tener ideas políticas y religiosas muy dispares, proyectarán las exigencias de su nueva conciencia a la hora de votar a sus candidatos políticos, en las reuniones de trabajo de sus empresas o en las asambleas escolares de padres de alumnos, sin que ello signifique que ya sean ni mucho menos «ecologistas». Mi interés prioritario es tratar de mostrar que la adquisición de una conciencia ecológica supone un total reordenamiento del entorno social y cultural de las personas, es decir, es algo mucho más profundo, de más calado y trascendencia en la historia de la civilización que la necesaria defensa de la naturaleza. Se trata de «comprender» el alcance y la trascendencia del nuevo «paradigma ecológico», cuyos fundamentos serán en mi opinión las claves de la cultura política y social del siglo XXI. Por tanto, este libro va especialmente dirigido a una sociedad heterogénea y todavía sin una clara conciencia ecológica, como es la actual, y en especial para aquellas personas dispuestas a profundizar en sus nuevas convicciones tras haber adquirido conciencia ecológica. Hace ya más de cincuenta años que de una forma u otra existe lo que hemos coincidido en denominar como el «movimiento ecologista», que hasta ahora se percibe sobre todo como un movimiento asociativo en defensa de la naturaleza. El ecologismo como un posible sistema político estructurado y experimentado apenas se cita en los libros de historia escritos durante el siglo pasado, a pesar de que los partidos verdes de inspiración ecologista existen desde hace más de un cuarto de siglo, y en algunos países como Alemania su influencia en la política internacional ha sido decisiva en los recientes acontecimientos, como el trágico 11-S de Nueva York y la segunda guerra en Irak. Son muy pocos los intelectuales que ven a los ecologistas como una «alternativa política» seria y realista que pudiera convertirse en la próxima fuerza política de oposición a los conservadores. A pesar de esos más de 25 años de existencia, la alternativa política de los ecologistas sigue sin definirse con claridad y las asambleas de los partidos verdes suelen ser un ejemplo claro de esta confusión donde buena parte de los asistentes no saben muy bien qué es lo que tienen que defender. Este ensayo es la fusión de dos trabajos previos titulados: «La revolución ecologista» e «Introducción a la teoría del Ecoestado», escritos y publicados con escasa difusión hacia 1987, en plena efervescencia de los primeros partidos verdes españoles y europeos, y trata —al igual que sus predecesores— de clarificar los fundamentos del pensamiento que puede derivarse de la aparición de una nueva conciencia ecológica, sobre todo en el mundo más desarrollado, tanto en su derivación como sistema político y social, como cultural y filosófico, o incluso religioso. Es decir, es un intento de «estructurar» esta nueva forma de pensar y ver de qué manera puede ser imbricada en la realidad social de nuestro tiempo. Más ampulosamente, también podría decir que trata de explicar en qué consiste el nuevo paradigma ecológico. Las tesis de este ensayo se fundamentan en mi propia experiencia personal, basada en mi proximidad con el movimiento ecologista desde sus inicios como editor de uno de los primeros periódicos ecologistas y alternativos de aquella época, «El correo verde». También es el fruto de mi posterior recorrido, con estancias prolongadas, por las experiencias políticas de este movimiento en otros países como Alemania, Reino Unido, Francia y finalmente en los Estados Unidos, donde asistí a varias asambleas del incipiente partido verde del «Área de la Bahía» de San Francisco hacia 1991. Después me trasladé a Nueva York, donde estuve acreditado como corresponsal en las Naciones Unidas con la intención de cubrir la primera «Cumbre por la Tierra» de Río de Janeiro en 1992, y en cuya ciudad permanecí durante cuatro largos años, para regresar nuevamente a España, donde volví a tomar conciencia de los importantes cambios acaecidos en todos los órdenes durante estas últimas dos décadas, sin que el ecologismo político hubiera avanzado significativamente durante todo aquel tiempo.